Este post se vino directo desde mi blog anterior (planetalarcon.wordpress.com), el cual ha dado paso a este nuevo. Lo he dejado tal cual lo escribi el 10 de Junio de 2009, aunque ahora que lo leo de nuevo, me habria gustado cambiar algunas cosas.
Existen muchos mitos sobre la vida en Australia, y sobre las posibles ayudas que el largo (o corto) brazo del Gobierno australiano ofrece a los inmigrantes. Quizás las más comunes que pueden escucharse por allí son: “el gobierno te da casa”, “te dan empleo”, o algunas más osadas como “te pagan todo” o “están buscando gente”.
Ante esas afirmaciones, cualquiera no puede menos que imaginarse bajando del avión (luego de 14 duras horas de vuelo, pero de eso hablaré en otra nota), en cualquier ciudad australiana y aquél gentío peleando por recibirte, unos funcionarios del gobierno vestidos al estilo “Men In Black” esperándote en la mismísima escalera en pista, para montarte en un carro rumbo a tu nueva casita, mientras atrás se pegan los buscadores de talentos, ofreciéndote sus tarjetas de presentación, mientras los bancos te venden sus productos para que inviertas en ellos los jugosos chequecitos que, mensualmente, el gobierno te pagará por tu cara linda, porque eres uno de los “valientes” que se atrevió a saltar el charco (vaya salto) en un monumental tirabuzón que dejaría loco a Greg Louganis, porque vienes a este país a “tener muchachos” y porque aquí “están buscando gente”.
Pues les digo que nada más lejos de la realidad. Nada de eso compañeros. Sólo basta investigar en Internet para darse cuenta que muchos de esos mitos son fácilmente descartables, es una tierra de oportunidades, si, pero las oportunidades tienes que buscarlas. Make it happen, como dicen los gringos. Cuando nosotros decidimos venir aquí, teníamos esos puntos bien claros, cero mitos, cero fantasías, a meterle el pecho.
A estas alturas, y para no perder la costumbre, me desvié del tema. Sólo quise ilustrar, a manera de antesala, una de nuestras primeras aventuras en suelo australiano: buscar casita. Vale destacar que en esta, como en muchas de las historias de nuestro recorrido en Melbourne, contamos con la super-ayuda de nuestros “padrinos en Oz”: Javier, su esposa Rocío, y Pedro. Sus vivencias, consejos y ayuda han sido de una valía enorme para nosotros, les estaremos agradecidos siempre.
Bien, les comentaba, cuando nos bajamos del avión, el único sitio que “conocíamos” de Melbourne era el 25 de Redan Street, St Kilda. Lo traíamos super anotado en un papelito, era la dirección del apart-hotel donde nos alojaríamos a nuestra llegada y por un número indeterminado de días. Una vez realizados los trámites esenciales (los cuales también abordaré en otra nota), la prioridad era buscar casa, aprovechar al máximo nuestro primer fin de semana en esa labor que presagiábamos ardua pero nunca tan peculiar. Una larga y valiosa conversación telefónica con Javier, una visita a su casa y una posterior reunión con Pedro nos pusieron rápidamente en contexto: encontrar casa (así como empleo y cualquier otro “recurso”) es una pelea de muchos por unos pocos disponibles.
Las primeras preguntas que debíamos definir estaban claras y le darían un plano terrenal a nuestra búsqueda. La primera era: cuánto podemos pagar? Cuentas aquí, números allá, dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, no más de 260 dólares a la semana. Punto.
Greater Melbourne - Image via WikipediaLa segunda era: en qué zona queremos vivir? Pregunta que se redujo más bien a una versión mas realista: con lo que puedo pagar, donde puedo vivir? Eso se cruza con el tamaño de la vivienda y allí tendrás los resultados. Para arrancar no queríamos más que una habitación, algo pequeño, que nos sirviera para establecernos el primer año y así dejar de mantener al chino del apart-hotel, que si bien no estaba tan caro, se estaba convirtiendo en una pesada carga a la hora de sacar las cuenticas. Hechas las investigaciones de rigor, y luego de una búsqueda exhaustiva en realestate.com.au (el sitio gurú que concentra una porción importante del movimiento inmobiliario australiano), nos enfrentamos “en vivo” a las famosas “inspecciones”, es decir, la muestra del sitio en el que estás interesado.
Image via WikipediaLa cosa funciona más o menos así: ves en Internet una propiedad que te gusta (casa, apartamento, lo que sea), verificas en el anuncio cuándo serán las inspecciones o contactas al agente del Real Estate (inmobiliaria) para que te notifique la fecha de la inspección. No sé cómo es en el caso de viviendas más grandes, pero en el caso de los apartamentos pequeños la inspección dura 15 minutos. Digamos que el Estate te dice que mostrará el apartamento el viernes a las 9 de la mañana. Estás en la dirección antes de la hora, llega el agente en su carro, abre la maleta y saca un cartelito con el logo de la inmobiliaria para indicar que esta abierta la inspección. Cabe destacar que la cosa dura 15 minutos exactos, así vayas tu solo, o vayan 100 personas a ver el apartamento. En nuestro caso, coincidimos con alguna pareja más, o en un apartamento en St Kilda que estaban tres parejas además de nosotros. Si te interesa, le puedes hacer las preguntas de rigor al agente, al cual puedes pedirle una planilla para aplicar en caso que desees alquilar la propiedad. Debes venir con las pilas puestas, de una vez con las fotocopias de todos tus papeles, visas, estados de cuenta, y todas aquellas cosas que demuestren tu condición legal en Australia y que además te respalden como posible inquilino. Pasados los 15 minutos de la inspección, sin mediar palabra, el agente recoge su cartelito, se monta en su carro y se va, no sin antes dejarte su tarjeta. Algunos interactúan más, te hacen preguntas y comentarios sobre la propiedad, incluso te ofrecen otras del mismo rango que están mostrando.
Ante nuestra urgencia por conseguir casa, y luego de inspeccionar un apartamento por primera vez, nos hicimos una hoja de Excel con los apartamentos que visitaríamos entre viernes y sábado. El primer inconveniente fue la coincidencia de varias inspecciones. No nos quedó otra, dividirnos las citas, Janna iría a unas, yo me encargaría de otras, y al final de la jornada intercambiaríamos opiniones. Como buen equipo, confiábamos que esta sería la mejor estrategia, como al final ocurrió.
Para no hacerles largo el cuento, sacamos 20 copias de cada documento, nos hicimos juegos de copias para las posibles aplicaciones, nos encomendamos a Dios, a la Virgen de Chiquinquirá y a todos los santos, y salimos al ruedo. Tren, tranvía y bus, caminando, medio perdidos en una ciudad apenas conocida, comenzamos las inspecciones. Visitamos un total de ocho apartamentos, de los cuales aplicamos a cuatro. Un detalle nos estaba volviendo locos, teníamos un problema para transferir, vía Internet, nuestro dinero desde Estados Unidos para Australia. Es una práctica común (y entendible) que los residentes recién llegados como nosotros, ofrezcan tres o más meses de alquiler adelantado, como una forma de demostrar solvencia y además para tranquilizar al dueño del inmueble. Nosotros hicimos lo propio, pese a que el asunto de la transferencia estaba por resolver. Preparamos una carta a cada uno de los Estates que recibió nuestra aplicación, detallando nuestra condición legal como residentes y, textualmente cito la carta: “We understand that the fact we still do not have a job could make us seem as non-reliable tenants, but we want to do what we can to convince you that we are responsible persons who will become excellent tenants”. Ni más ni menos.
Melbourne - Image via WikipediaAmaneció el lunes y nos llamaron de dos agentes. Al final, gracias a Dios y a la Virgen, teníamos dos apartamentos para escoger. Afortunadamente, uno de los que nos llamó fue el que más le gustó a Janna, no lo pensamos dos veces y nos fuimos de una vez a la inmobiliaria a cerrar el trato. Una de las cosas que mejor nos resultó es que la agencia no aceptó los meses adelantados que ofrecimos en la carta, por políticas del estate, lo cual nos permitirá presupuestarnos con mejor holgura los meses por venir. Nos dieron la llave el viernes 5 de Junio, una semana después de empezar a buscar casa, doce días después de haber llegado a este país. No fue fácil, pero lo logramos con mucha fé, y con la ayuda de Dios y la Virgen, con el apoyo de nuestras familas y amigos en Venezuela, además de la valiosa ayuda de Javier, Rocío y Pedro.
Ahora tenemos casita, nuestro apartamento que será nuestro refugio en esta aventura, a 14mil kilómetros de nuestra familia y nuestras querencias. Hemos alcanzado un paso de los muchos que nos quedan por delante. Afuera hay una ciudad hermosa, tenemos que salir a comérnosla, ni un paso atrás. Go forward!
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