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En la otra parte de la balanza se encuentran aquellas cosas que nos atan a nuestra tierra, y que hacen que tomar esa decisión sea muy, pero muy difícil: la familia, los amigos, la casa o el apartamento, el empleo que tenemos... conozco casos que han incluido en esta lista elementos tan diversos como las mascotas, los vecinos buena gente que nos han visto crecer, las rumbitas en el San Ignacio, los perritos en la calle del hambre, y hasta la famosa solidaridad del venezolano, que termina siendo pana de todo el mundo. Otros más atrevidos esgrimen que "nada como Venezuela, a pesar de Ch...".
Así las cosas pueden pasar semanas, meses y hasta años en esa pensadera permanente. Algunos amigos le han dado vueltas a la idea por unos 3 ó 4 años, y aún no se deciden. Se sienten muy bien en sus empleos, lo cual es comprensible, pero se apuran a desempolvar el pasaporte y a hacer su mapa personal de embajadas cada vez que saben de alguien que fue víctima de la inseguridad. No los critico, cuando tomé la decisión de salir de mi país, yo estaba disfrutando de un excelente empleo en una muy buena empresa. Salir del país es una decisión personalísima, tan respetable y comprensible como permanecer en él. Si algo me ha enseñado la vida es que cada quien es dueño de sus decisiones.
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Punto importante, ponerle la lupa a todas las leyendas migratorias que se dicen sobre Australia. Vamos, que todo no puede ser tan bueno como lo pintan. Y efectivamente, aunque el sistema es muy bueno, y puede decirse que todo funciona, eso de "te pagan todo porque están buscando gente" es poco menos que un mito. Pero eso no lo sabíamos en ese momento, así que tocó investigar bastante sobre nuestras posibilidades reales. Despues de todo, queríamos migrar buscando un mejor futuro, y aunque no puedes controlar todos los riesgos, por lo menos debes conocer a qué estás enfrentándote.
Un foro de internet (dirigido en aquel momento por nuestro buen amigo Pedro) nos hizo ver la luz. Valiosísima fuente de información, fueron muchos los días que invertí en ese foro, investigando, escribiendo, preguntando. Se hizo una camaradería bien interesante. Puedo decir con absoluta propiedad que conseguí allí más información de la que obtuve a través de mi agente migratorio. Más importante aún: información de vivencias cotidianas de personas que habían pasado por todo lo que me tocaría pasar a mi.
Acto seguido, contactamos a Viva en Australia, hicimos aquella famosa llamada de pre-evaluación, y luego a firmar los papeles. No hay vuelta atrás. Comienza el viaje que nos llevaría a obtener el anhelado papelito rosado que reza "Permanent Resident Visa".



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