Es evidente que al llegar a un país distinto, muchas cosas deben cambiar. Esto va desde la forma como nos sumamos al trasnporte público, hasta la manera como hacemos mercado, pasando por la interacción con las empresas de servicio. Todos los que llegamos a este país tenemos un cuento (cómico o no) producto de la interacción con la señora del banco, la gente del real estate o hasta el cajero del supermercado, sobre todo en los primeros días de la estancia.
Como parte de ese "cambio de paradigma", en este post comentaré del shopping around, o como lo llamaríamos en pleno y claro castellano: regateo. Apenas conseguimos apartamento para alquilar en
Melbourne, el próximo y más que lógico paso era comprar las cosas elementales para la supervivencia: nevera, al menos un box-spring, colchón, plancha (no se traigan la plancha de
Venezuela, aquí la electricidad es 220v), y el necesario y nunca bien ponderado televisor. Será un acompañante fiel en los momentos de reposo entre aplicaciones, especialmente durante el invierno, cuando no provoca salir.
Al momento de comprar esos preciados objetos, luego de una consulta con los amigos que ya estaban viviendo acá, el plan quedó resumido en ir a las tiendas
Harvey Norman, Retravision y
The Good Guys y comparar los precios y modelos de lo que teníamos pensado comprar, por supuesto dentro del presupuesto que se tiene preparado. Como aún no había empleo, decidimos gastar cuidadosamente, pero eso depende de cada quien. Antes de ir a nuestra jornada de compra, nos llama Pedro y nos comenta la estrategia a seguir: "busca los modelos y los precios, una vez que tengas la lista, preguntale a la persona de la tienda cuál es el mejor precio que te puede dar por las cosas que vas a comprar". Aquello me sonaba a una broma "- Pana, en serio puedes regatear?", "- Totalmente, dale con confianza". Y es aquí cuando viene el cambio de paradigma que comentaba al principio. La forma de compra normalmente aceptada es buscar lo que queremos, algunos más audaces caminan buscando un mejor precio, toma lo tuyo, dame lo mío y tan amigos.
Con este valioso tip entramos en la primera Tienda A, libreta en mano. En medio de la faena se nos acerca el vendedor ofreciendo su ayuda amigablemente. Le aclaramos que andamos en una de ver precios, y nos acompaña a ver televisores, neveras, Mientras nos orienta en las bondades de todos los aparatos, tomamos nota fiel de las cosas que están dentro de nuestro presupuesto. Una vez que hemos completado la lista, se viene el momento de la verdad: el momento del regateo, papá. Mi esposa me mira, asiente, yo con voz temblorosa, aún desconfiando de los poderes del regateo, en mi inglés de recién llegado, pregunto "- Cuál es el mejor precio que puedes darme por esta compra?". Yo esperando lo peor, quizás un "tas' loco pana?". El vendedor, muy amable, me contesta "- El total de la lista que llevas es de $xxx. Por la nevera te puedo descontar $yyy, por el TV otros $zzz. Pero si nos compras todo, puedo darte un mejor descuento". Música para mis oídos de apretado presupuesto.
No caí en la tentación de comprar en Tienda A, anotamos el monto total, el monto con descuento, y nos fuimos a Tienda B, ya con más confianza en esa nueva arma. Llamo a Pedro y me dice "- Viste? Aquí las tiendas compiten por los clientes! Ahora cuando llegues a la próxima tienda, pide tu regateo, pero dile que en Tienda A te están vendiendo todo eso por $ppp, y pregunta si ellos te pueden mejorar el precio". Y así lo hicimos. Al final, compramos todo en la tienda que nos dijo "te doy el mismo precio de descuento de la Tienda X, pero te regalo el delivery". It's a deal.
Desde ese entonces, cada vez que hemos tenido la necesidad de comprar algo, aplicamos la técnica. No se pierde nada con preguntar. Claro, en algunos casos no resulta, por ejemplo si el producto ya está descontado o en una super oferta. Otro tip efectivo para ahorrar unos $$ es esperar el Boxing Day (26 de Diciembre), algo parecido al Black Friday de Estados Unidos. Pero en nuestro caso (llegamos en Mayo) era imposible esperar esa fecha.
Como siempre digo, cada familia maneja su presupuesto a su manera, y sus proyecciones iniciales de acuerdo lo que puede traer ahorrado desde Venezuela. Se puede optar por comprar un TV de 30 pulgadas, o uno de 60. Pero aún si ese es tu caso, no está de más que apliques el regateo. Puedes salvar unos dólares en el precio, y quizás hasta el delivery.